¿Será verdad que existe más vida en un kodama dibujado a mano por Miyazaki que en las casi tres horas de Avatar? Quizás. Al menos algo muy parecido sentí hace algunos días mientras disfrutaba de esa belleza que es La princesa Mononoke, y de cómo el director japonés se las ingeniaba para hacer que los malos fuera buenos y los buenos, malos, o algo bastante similar. Si hoy alguien me pregunta si Avatar me gustó, respondo que sí. Un show de fuegos artificiales también me gusta.
EL PARTIDO: UN RELATO DEL TIEMPO, POR JOSÉ LUIS VISCONTI
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Todo es cuestión de tiempo. Un partido de fútbol dura 90 minutos;
eventualmente puede estirarse en algunas circunstancias hasta los […]
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